Historia del Cuerpo de Bomberos

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El pueblo va despertando con un bostezo semicolonial. Los hombres madrugadores que diariamente reparten la leche y el pan, en rústicos carruajes tirados por un caballo, van entregando la mercadería con alegría inusual.

A medida que las horas transcurren, se advierte un ajetreo creciente en todos los sectores del poblado.

El ferrocarril de Sangre, que corre entre Maipo y la Estación de Buin, ha visto copada su capacidad en cada una de las pasadas por la céntrica calle Balmaceda. El carro dispone de 50 asientos. Tarifa: Estación Cancha de Carreras, diez centavos: hasta Maipo, 20 centavos.

Gentes de localidades vecinas siguen llegando en carretelas, a caballo y a pie, en busca de todo aquello que hace más grata en casa la celebración de año nuevo. La ropa y el calzado se adquiere con preferencia en la tienda de don Joaquín Gualda (Balmaceda esquina de Pinto). En la tienda de don Eloy Romero (Balmaceda al llegar a la plaza). O en la gran Casa Barrera (Balmaceda esquina San Martín) en las casas de almacén, al parecer, hay mejores ofertas en el negocio de los hermanos Juan y José Pinto. . La mejor carne de vacuno, espera a sus devoradores en el abasto del Sr. Pedro Portales que atiende en su amplio local de calle Santa María, (mitad de la cuadra, lado poniente) entre Balmaceda y Arturo Prat. Si faltase carne faenada, al fondo del negocio hay un corral repleto de novillos de primera, candidatos al matadero.

El biógrafo, en Balmaceda 109 (lado sur), anuncia para esta noche el estreno de una película muda protagonizada por la actriz norteamericana Perla White. La sala cinematográfica, de propiedad de don Víctor López, es un galpón de madera levantado en el patio de su casa.

La asoleada tarde agoniza. . El alumbrado público que proporciona la firma Saavedra Benard, recién se ha encendido. Desde las vitrolas, los valses vieneses vuelan hasta la calle, apagando la voz del viejo vendedor de tortillas calientes que pasa con su chonchón encendido.

Llegaron ya todos los invitados al casamiento que será bendecido a las diez y media de esta noche en una casona cercana a la cancha de carreras a la chilena.

En la cárcel de Buin, construida en 1887, los 29 reos, prisionero de sus penas, aguardan el nacimiento del nuevo año de amarguras.

Las bondadosas Hermanas de la Misericordia, en el Hospital San Luis, transmiten la fe de Dios y la esperanza de alivio a los enfermos rezando el último rosario de 1928.

Algunas voces vinosas zalagardean en el Club Social, buscando con los dados más nocaut, antes que el año emprenda viaje hacia el mar de los recuerdos.

El público sigue llegando al teatro. La función está comenzando.

Todas las casas huelen a cola de mono, a ponche y a mistelas.

La gente camina alborozada por las calles pensando en la fiesta de los abrazos y de los buenos deseos entre los seres queridos. Hay estela de ricos perfumes y aromas a ropa nueva.

La muchachada del pueblo en la Plaza de Armas ríe y juega al corre el anillo, con penitencias sobre el filo de la picardía, en la fuente central del paseo, las ranas cancioneras ofrecen un concierto nocturno a sus amigas bohemias de lo alto: las estrellas.

El reloj de la estación marca las diez de la noche, en el preciso instante que pasa rumbo a Santiago el tren directo proveniente de Rancagua. El resoplar de la máquina a vapor desaparece y de inmediato los oídos buinences escuchan el repicar de las campanas de la parroquia. Las voces de bronce se prolongan más de lo acostumbrado su llamado de atención a los feligreses. Es señal que algo grave ha ocurrido en Buin.

Con la rapidez del resplandor de un relámpago se esparce la noticia: ¡INCENDIO EN EL TEATRO!… autoridades y vecinos corren hasta el lugar amagado. Secas están las dos cunetas que pasan por Balmaceda. Buin no cuenta con servicio de bomberos. Don Florín Román Izquierdo organiza pronto EL BATALLON DE LOS BALDES, con la cooperación de todos los jóvenes presentes, formándose una solidaría, firme y larga cadena de brazos para transportar el agua que rebalsa la acequia de la otra esquina que corre a tajo abierto.

Por teléfono se pide ayuda a San Bernardo y Rancagua. Bomberos y carros arriban a Buin vía ferrocarril en momentos en que el fuego lleva consumido más de la mitad de la manzana. Algunos animales encerradosen el corral del Sr. Portales sufren horrible muerte.

Este infierno, en la feliz noche de Año Nuevo, es la chispa que inspira el nacimiento del muy noble y querido Cuerpo de Bomberos del Departamento de Maipo, Hoy, Cuerpo de Bomberos de Buin.

LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

cuartelgA mediados de 1929, se constituye en Buin un Comité Pro Cuerpo de Bomberos encabezado por el Alcalde de Paine, don Manuel García Huidobro, y el joven abogado buinense, don Juan Román Urbina. Son los líderes del movimiento que logra despertar la dormida conciencia bomberil en la ciudadanía, culminándose exitosamente la campaña el primero de Diciembre de 1929, cuando en los salones del Club Social tiene lugar una gran reunión de vecinos, procediéndose a la firma de Acta de Fundación del Cuerpo de Bomberos del Departamento de Maipo.

En el histórico documento, quedan perpetuados los nombres del directorio y el de cada uno de los asistentes en calidad de fundadores de la benemérita institución. Ciriaco Valenzuela Gobernador; Eleodoro Fontecilla, Alcalde de Buin; Manuel García Huidobro, Alcalde de Paine; Arturo Zavala Ulloa, Juez Letrado; Jorge Lafourcade, Capitán de Carabineros; Manuel Bleit, Agustín Orellana, Raúl Prieto Letelier, Jorge Desormeaux, Alfredo Larreta, Juan Román Urbina, Rafael Salcedo, Luis Velasco, Emilio Echeverría, Augusto Romero, Anacleto Velasco, Alfonso Leiva, Luis Vergara, Alberto Barrera, Gustavo Valdés, Alberto Salinas, José Manuel Leiva, Waldo Leiva, Waldo Romero, Juan Solís, Eugenio Correa, Luis Correa, Manuel Prieto R., Heriberto González, Patricio Subiabre, Genaro Larenas, Carlos Romero, Ramón Melantó, Ramón Osorio, Ramiro Martínez, Carlos Muñoz, Joaquín Salas, Darío Infante, José A. Arcaya, Enrique Leiva, Gustavo Rencoret, Eloy Romero, Luis Fernández, Humberto Díaz, Juan Bellalta, Oscar López, Rafael Leiva, Exequiel Salas, Fernando Rozas, Manuel Videla, Carlos Martínez, Domingo González, Juan Gerónimo Espinoza, Leopoldo Moya, Humberto González y Armando Araya.

 

CAMPAÑA COMPRA DEL CARRO BOMBA

Distribuidos los cargos y aprobado el Reglamento General del Cuerpo, la acción continua adelante en busca de lograr los fondos necesarios para adquirir un moderno carro bomba y el material respectivo. Industriales, dueños de fundos, propietarios de viñas, y la ciudadanía toda, responden con generosidad al llamado de las autoridades bomberiles, mientras el gobernador y los municipales de Buin y Paine les brindan un respaldo extraordinario, en todas las gestiones.

El 15 de Diciembre de 1929, el libro de tesorería del cuerpo anota, entre otros, los siguientes aportes: un cheque del Banco Germánico por la suma de $ 500 entregados por el Sr. Manuel García Huidobro: un cheque del Banco de Chile, donado por el Sr. José Alberto Bravo Vizcaya, por la suma de $ 500; utilidad de las fiestas primaverales del año 1929, celebradas durante una semana en la polvorienta Plaza de Armas, $ 2.735.60. Otro cheque del Señor Manuel García Huidobro por $ 700; resultado de una rifa pro-carro, $ 550, colaboración de la Intendencia de la Caja Nacional de Ahorro, $ 2.869.

Semanas después el Cuerpo recibe del Sr. Miguel Ortiz Olave, dueño de la viña Vizcaya de Linderos, un aporte de $ 5.000, suma considerada como cuantiosa.

De Acúleo, de Paine, de Viluco, de Linderos, de Alto Jahuel, de Maipo, de todas partes llueven las erogaciones altas y modestas sobre las arcas del Cuerpo de Bomberos naciente.

LLEGA EL CARRO

Con celeridad se efectúan los trámites para la compra del carro bomba en Santiago. A mediados de 1930, llega a Buin la poderosa máquina roja fabricada en Alemania, marca Adler. Luego de realizar un recorrido triunfal a través de las tierrosas calles del pueblo, saludando a la población con su estridente sirena, queda arranchado en el cuartel de la institución. Con su arribo, los voluntarios dicen adiós a los baldes y tarros.

EL BAUTISMO

A fines del año 30 tienen lugar la imponente ceremonia de bautizo del carro en la Plaza de Armas. En la esquina de Condell con Montt, se levanta la tribuna de las autoridades contándose entre ellas el presidente de la República, general Carlos Ibáñez del Campo, y varios de sus ministros. Actúa de madrina la distinguid dama, Presidenta de la Cruz Roja y fundadora de la misma Misia Ema de Lanz, con tan mala suerte, que al romper la botella de champán sobre el parachoques, un vidrio le rebana los dedos de la mano derecha. El presidente Ibáñez, al percatarse del inesperado incidente se levanta presto de su silla y se acerca donde la lisia Ema a ofrecerle su pañuelo color blanco para que limpie la ensangrentada mano. Ella, sonríe y emocionada agradece el amabilísimo gesto, expresado: “Es Usted muy gentil, Excelencia”.

Instantes después se escucha el himno patrio interpretado por la Banda de la escuela de Infantería de San Bernardo. Viene el discurso del Superintendente, Sr. García Huidobro, lírico saludo a la institución. Comienza el desfile imponente encabezado por la banda. Atrás marchan delegaciones bomberiles de Santiago, San Bernardo, Cisterna, Puente Alto, Rancagua, y por primera vez desfilan los jóvenes bomberos buinenses entre los aplausos y la más dichosa emoción de los parientes y amigos.

Finaliza la ceremonia. El Cuerpo de Bomberos, con el Presidente de la República y sus ministros, los Alcaldes de Buin y Paine, el Gobernador del departamento de Maipo y las Compañías de Bomberos invitadas se instalan en el Club Social a disfrutar de una cena de honor y baile.

El primer mandatario con su comitiva se retira cerca de las 23 horas.

BAUTISMO DE FUEGO

Autentico bautismo de fuego para el flamante carro bomba, y también para los voluntarios el voraz incendio que estalla el domingo 1 de Enero de 1934, a las 11 de la mañana en la famosa tienda La Gran Vía, ubicada en Balmaceda casi esquina de Errázuriz. Ante el temor que se repita la infernal hoguera de la noche del 31 de Diciembre de 1928, se solicita ayuda del Cuerpo de Bomberos de San Bernardo.

SAQUEN A ESE H…

Este estreno en sociedad se ve revestido de situaciones un tanto tragicómicas. Por ejemplo, muchos bomberos acuden luciendo la misma elegante pinta con la que horas atrás recibieran al año 1934, vestón, chaleco y pantalón nuevo, camisa de cuello duro y zapatos acharolados. Quedan mojados y embarrados hasta los calzoncillos.

“Saquen a ese h…”, grita en el fragor de la lucha el Superintendente sanbernardino, don Tito Angulo, señalando a uno de los hombres que lleva un montón de piezas de género desde la tienda incendiad hasta la acera del frente, este hombre usa nada mas que unas alpargatas rotas, un saco quintalero en vez de pantalones y una camiseta sin mangas hechas de saco harinero.

Quien luce tan escaso vestuario es el Comandante de la Primera Compañía de Buin, don Jorge Desormeaux Heine. Como el primero de Enero los panificadores no trabajan, el muy temprano se puso a fabricar el pan sin pensar jamás que el llamado de la paila iba a sorprenderlo así, con el liviano ropaje de obrero amasador.

Al escuchar aquella expresión del Sr. Angulo, su sangre Franco –Belga le arde en las venas más que el fuego que estoicamente combate.

Extinguido el incendio a las 4 de la tarde, Don Jorge Desormeaux manda a un emisario hasta el Club Social para que preparen, por su cuenta, unas bien rociadas onces para los bomberos de San Bernardo y Buin. Jefes y Voluntarios se prestan a realizar el primer brindis por la camaradería bomberil y aparece en el salón la refulgente figura del Sr. Desormeaux luciendo su mejor traje de parada, con dorados botones y deslumbrantes entorchados. El Superintendente Sr. Angulo muy impresionado, al verle se pregunta: “¿A este distinguido señor dónde lo he visto?… Me parece, que en el Club de la Unión, allá en Santiago”.